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Las casas de Zizur Mayor mantuvieron su nombre euskaldun hasta finales del siglo XIX. Se mantuvo de igual modo la costumbre ancestral de trascender en la historia a través de la casa, de la tierra en la que se vivía. La casa era el patrimonio indivisible que pasaba de padres a hijas e hijos.

La casa tomaba el nombre del topónimo donde se ubicaba, del lugar, del nombre de su poseedor o propietario o del oficio. Esto indicaba hasta que punto la casa era más que un refugio: imprimía identidad a sus moradores porque el nombre que se otorgaba a la casa era el mismo que recibían sus poseedores, entre otros: Paternainena, Salvadorena, Dendariena, Esparzarena, Ospitalecoa…

Fachada de una casa con escudo     Fachada de una casa

Fachada de una casa  Exterior de una casa  Fachada de una casa