Otra de los momentos religiosos más intensos del año eran las denominadas “misiones”, especie de predicaciones por parte de autoridades eclesiásticas que tenían lugar por marzo y abril. En los diferentes barrios se solía cantar y se realizaba el «apostolado de la oración», un ejercicio de recogimiento que pretendía preparar a los vecinos y vecinas para afrontar una vida religiosamente correcta.