Las fiestas pequeñas en honor de San Pedro Mártir se celebraban el 28 de abril. Ya en 1932 los jóvenes pidieron al alcalde, Gregorio Urdánoz, 200 pesetas para celebrar las fiestas cívicas. Las consiguieron y con ellas comenzaron los festejos.

Antiguamente había que elegir a los mayordomos de fiestas, jóvenes del pueblo encargados de organizar cualquier actividad relacionada con los días de fiesta. Eran los dinamizadores socioculturales del momento. Sin ellos no había festejos, porque se encargaban de contratar y alojar a los músicos en las casas y de trasladar el día de la Virgen de Agosto la imagen de la Virgen, la cual salía bajo palio portada por los mayores propietarios de la localidad. Las chicas han estado tradicionalmente excluidas de la organización de las fiestas. Elegían mayordomas pero éstas desempeñaban roles de sumisión. Se encargaban de preparar el chocolate al párroco, así como el almuerzo y los piperropiles, el postre especial de fiestas, a los mayordomos. Una de ellas iniciaba, junto al mayordomo, el primer baile de las fiestas.